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Cortisol alto en mujeres: síntomas que no deberías ignorar

Cortisol alto en mujeres: síntomas que no deberías ignorar

2 de junio de 20264 min lectura

Pensaba que era estrés, hasta que entendí lo que estaba haciendo el cortisol en mi cuerpo

Durante mucho tiempo pensé que simplemente estaba cansada.

Que era normal despertarme sin energía.

Que era normal vivir acelerada.

Que era normal sentir que mi cabeza no descansaba nunca.

Al fin y al cabo, tenía trabajo, responsabilidades, una casa que atender, una hija, proyectos y una lista interminable de cosas por hacer.

¿Qué mujer no se siente así a veces?

Pero con el tiempo empecé a darme cuenta de que aquello iba más allá del estrés normal del día a día.

Mi cuerpo llevaba tiempo intentando decirme algo.

Y yo no estaba escuchándolo.

Cuando vivir en alerta se convierte en tu normalidad.

Lo curioso es que muchas veces no nos damos cuenta.

No hay una alarma que se encienda.

No hay un día concreto en el que todo cambie.

Simplemente te acostumbras.

Te acostumbras a vivir cansada.

A despertarte sin energía.

A sentir que tu mente nunca se apaga.

A tener hambre a deshoras.

A dormir sin descansar.

A sentirte irritable por cosas que antes no te afectaban.

Y poco a poco acabas creyendo que esa es tu forma de ser.

Pero ,querida, eso no es normal, no es sólo por tu nivel de estrés, no lo es.

Las señales que yo ignoré durante demasiado tiempo

Mirando atrás, ahora veo muchas señales que en aquel momento normalicé.

No dormía bien, y había cogido como unos 6 kilos que no era capaz de bajar, y no porque me viera mal con ellos, si no porque me sentía inflamada, más cansada, una hinchazón generalizada, más ansiedad, un hambre extraño de dulce del que yo no soy muy fan, como más ausente e incluso más irascible y sensible. Era como si me sintiese una extraña dentro de mi cuerpo…

Y puedes pensar, ¿Qué tiene que ver el cortisol con todo esto?

El cortisol es una hormona necesaria en el organismo.

De hecho, gracias a ella podemos reaccionar ante situaciones de estrés.

El problema aparece cuando vivimos tanto tiempo en modo supervivencia que nuestro cuerpo ya no sabe salir de ahí, es como si nuestro cerebro se hubiese acostumbrado a vivir en alerta constante.

Y seamos sinceras.

Muchas mujeres vivimos así.

Corriendo.

Pensando.

Preocupándonos por todo.

Intentando llegar a todo.

Sin espacios reales para recuperarnos.

Porque además a esa necesaria “recuperación” le ponemos excusas.

Estas son las señales de que tu cuerpo podría estar pidiendo ayuda

Cada mujer lo vive de una forma diferente, pero algunas señales frecuentes son:

  • cansancio constante
  • sensación de agotamiento al despertar
  • dificultad para dormir o descansar
  • inflamación abdominal
  • ansiedad o nerviosismo
  • hambre emocional
  • dificultad para concentrarte
  • irritabilidad
  • sensación de estar siempre en alerta

Y lo más preocupante es que muchas veces aprendemos a convivir con ellas.

No se trata solo de descansar más

Y aquí fue donde yo tuve uno de mis mayores aprendizajes.

Porque durante mucho tiempo pensé que necesitaba unas vacaciones.

Un fin de semana libre.

Dormir más horas.

Pero el problema no era únicamente el descanso.

Era el ritmo en el que estaba viviendo.

La forma en la que me relacionaba conmigo misma, cuánto me quería ( de esto ya hablaremos más adelante).

La exigencia constante.

La incapacidad para parar incluso cuando mi cuerpo lo pedía.

Empecé a entender que cuidarme era mucho más que encontrar tiempo

Era aprender a escuchar las señales antes de llegar al límite.

Era entender que no podía seguir funcionando siempre desde la urgencia.

Era respetar mis ritmos.

Mover mi cuerpo de una forma que me ayudara en lugar de agotarme más.

Alimentarme mejor.

Dormir mejor.

Respirar mejor.

Y sobre todo, dejar de vivir permanentemente en modo supervivencia.

El cortisol no es el enemigo

Y esto quiero dejarlo claro.

El cortisol no es malo.Lo que es malo es tenerlo alto.

Lo que nos perjudica es vivir durante meses o años en un estado de estrés constante sin ofrecerle a nuestro cuerpo momentos reales de recuperación.

Porque el cuerpo puede sostener mucho.

Pero no debería tener que sostenerlo todo siempre.

Quizá no estás cansada porque te falte fuerza

Quizá estás cansada porque llevas demasiado tiempo tirando de ella.

Y quizá este sea un buen momento para empezar a escuchar lo que tu cuerpo lleva tiempo intentando decirte.

Que no tienes que vivir agotada. Que puedes escucharte antes de que tu cuerpo tenga que gritar para que le prestes atención.

Porque al final, la pregunta no es cuánto más puedes aguantar.

La pregunta es ; ¿Cuánto tiempo más quieres seguir viviendo lejos de ti?.