
Un día te miras al espejo y ya no te reconoces
No sé exactamente cuándo pasa.
No hay un día concreto.
No te levantas una mañana y de repente todo cambia, yo creo que todo es mucho más progresivo.
Es algo mucho más silencioso.
Más lento.
Más invisible.
Pero, si ocurre, que un día te miras al espejo y hay algo dentro de ti que piensa:
“No sé en qué momento he dejado de ser yo.” En que momento me he abandonado de esta manera en la que he llegado a desconectar tanto de mí misma.
Y creo que una de las cosas más duras de eso es que desde fuera probablemente todo sigue funcionando.
Sigues haciendo cosas.
Sigues llegando.
Sigues sosteniendo.
Incluso de cara a la galeria “ todo lo que nos rodea”, seguimos siendo las mismas, probablemente, nadie haya detectado nada. Pero esa sensación, esta ahí, por dentro… en tí, hay algo que se siente distinto.
A veces no es tristeza. Es desconexión
Y cuesta mucho explicarlo.
Porque no siempre estás mal.
Simplemente no te encuentras.
No te reconoces en:
- cómo te hablas
- cómo te sientes
- cómo te miras
- cómo estás viviendo
Y poco a poco empiezas a sentir que te has ido alejando muchísimo de ti. Hoy en día parece cada vez más tangible, porque hoy en día hay muchisímas más mujeres inmersas en el mundo laboral, y esa carga se ha sumado a los otros roles que parecen sólo ser cosa nuestra ( que no lo son), y nuestra autoexigencia y nivel de “querer ser Dios” y estar en todo nos ha desconectado de una realidad…que queremos y que nos hace felices.
Creo que muchas mujeres vivimos demasiado tiempo sobreviviendo
Haciendo lo que toca.
Priorizando todo.
Adaptándonos constantemente.
Y en medio de todo eso, sin darnos cuenta, dejamos pequeñas partes nuestras por el camino.
Y esto no es abrir esa “guerra de sexos” que parece establecerse cuando hablamos de conciliación real, de mujer y de mercado laboral. Va de que seamos capaces de entender y ver , por nosotras mismas, que si no paramos de manera consciente, si no hacemos esas pausas necesarias , si no aprendemos a delegar y si no dejamos que querer estar en todo, nuestro cuerpo en algún momento dirá basta, y ahí, quizás no sólo sea el cuerpo, puede que no sólo haya desconexión, ahí , la tristeza es capaz de hacer cosas muy feas con nosotras mismas.
Un día, después de una discusión de pareja, de las muchas que habíamos tenido en el último año, y al salir de la ducha, dónde había estado llorando para calmar la ansiedad que se había apoderado de mí esa tarde, me mire al espejo y pensé; “¿En qué momento has dejado de ser la mujer alegre y positiva que habías sido siempre?“
Llevaba meses sumida en un conformismo y en una dinámica autodestructiva que lo único que me estaba produciendo era ansiedad, apatía, malestar, dejadez….
Emociones y sentimientos que no eran propios de mí, de la persona que había sido siempre. Y de esto de la autoestima y cómo una relación puede minarte poco a poco, hablaré en otro post.
El problema no es cambiar. El problema es dejar de escucharte
Porque cambiar es normal. Aunque haya personas, que por egoismo o por miedos se nieguen a hacerlo y repitan una y otra vez ; “ es que yo soy así”, para justificar el daño que causan en los demás y no de manera incosciente.
La vida cambia. Nosotras cambiamos.
El problema es cuando llevas tanto tiempo desconectada de lo que necesitas que acabas viviendo una vida que ya no se parece a ti.Que dista mucho de la persona que eras antes de vivir todo eso.
Y eso se nota.
En el cuerpo.
En la energía.
En la mirada.
En la forma de estar.
En la forma de hacer cosas.
Yo creo muchísimo en la importancia de cómo nos tratamos
Y no hablo solo del autocuidado superficial. Y con esto me refiero, a cuidarnos físicamente ( alimentación saludable, movimiento ,masajes, rutinas de piel,…)
Hablo de:
- cómo te hablas
- cómo te miras
- cuánto te escuchas
- cuánto te sostienes
Porque hay mujeres agotadas intentando arreglarse por fuera cuando en realidad llevan demasiado tiempo necesitándose por dentro.
A veces el cambio empieza con algo pequeño
Con parar. Con mirarte de verdad.
Con admitir:
“No me siento bien así.”
Y aunque remover eso da miedo, sí que lo da, incluso a veces es tan fuerte, que aunque sigamos con todo, nos sentimos paralizadas por dentro, como si no fuésemos las protagonistas de nuestra vida si no espectadoras. El cambio también puede ser el inicio de volver a ti.
Volver a ti no significa volver a ser quien eras
Y esto es importante.
No se trata de recuperar una versión antigua de ti, esa ya fue, una parte de tu vida.
Se trata de construir una versión más consciente.Más alineada con quien quieres ser en el presente. Con tus metas, tus valores, el aprendizaje de tu experiencia personal. Una versión que te haga sentir viva, no aterrada, no vacía, no triste, no en silencio…
Una versión que te haga mirarte al espejo y no sentirte pequeña o invisible, porque esa mujer que veas en el espejo cuando salgas de la ducha, haya llorado, pero no se haya sentido pequeñita si no porque liberar emociones sea parte de un día o semana intensa, que las tendremos a lo largo de nuestra vida.
Que te empieces a mover de tu zona de confort, cogas unos cascos y salgas a andar una horita, verás como cambia, poco a poco algo en tí. O busques ayuda si sientes que sola no puedes, la terapia es sanadora¡¡¡
Es tiempo de volver a mirarte diferente
Sin culpa.
Sin exigencia.
Sin sentir que cuidarte es egoísmo.
Porque quizá no te has perdido.
Quizá solo llevas demasiado tiempo lejos de ti.
Si has llegado hasta aquí sintiendo que algo dentro de ti necesitaba leer esto, quiero que sepas que no estás sola.Que to también he pasado por ello, y que seguramente, muchas más mujeres de las que te rodeas, también estén o hayan estado ahí.
Y que quizá este sea un buen momento para empezar a volver a ti.
Porque sí:
Es tiempo de ti.